Amortización contable y fiscal de bienes

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Antes de ahondar en lo que significa la amortización contable y fiscal, detengámonos primero en hacer un repaso del concepto de amortización. Es uno de los puntos claves de la contabilidad. Se refiere a un cálculo a considerar cuando termina un ejercicio económico de una empresa de un periodo determinado. La actividad económica integra una gran variedad de activos, como maquinarias, vehículos, dispositivos electrónicos, etc. Todos estos elementos pierden valor a lo largo del tiempo. Esa depreciación es lo que se conoce como amortización.

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Al adquirir un activo no se refleja un valor en la contabilidad, sino que este se va repercutiendo a lo largo del tiempo mientras sea útil aunque su valor baje. El coste de la inversión que se realizó se reparte durante el tiempo que el activo genera ingresos, por ejemplo, si el bien tiene una vida útil de 10 años, el gasto se distribuirá en esos 10 años, y no únicamente en el primero. Los bienes que generalmente se amortizan son:

  • Vehículos
  • Maquinarias y herramientas
  • Instalaciones
  • Muebles y útiles
  • Equipos informáticos
  • Inmuebles – Edificios

Amortización contable y fiscal: diferencias

Como ya se ha mencionado, los activos fijos de la empresa van perdiendo valor con el paso del tiempo debido al desgaste. Desde el punto de vista contable y fiscal, esto tiene impacto en las obligaciones de la empresa y en la rentabilidad. Estos activos se utilizan más de lo que dura un ejercicio contable, por ello se deben amortizar de manera proporcional. No hay un único criterio para contabilizar dichas amortizaciones, por eso es importante entender cómo funciona la amortización contable y fiscal.

Amortización contable

La premisa bajo la cual se realiza la amortización contable es visualizar cómo ha contribuido un activo fijo a generar ingresos en la empresa. De este modo, el activo se suma como un gasto en la cuenta de pérdidas y ganancias. La diferencia sustancial de este gasto con los demás es que no conlleva una erogación de efectivo, solo tiene el efecto de mostrar el efecto del paso del tiempo sobre el activo. 

Hay un concepto clave a considerar: la denominada obsolescencia técnica o comercial. Esta es la depreciación natural de los bienes, sin considerar el uso propiamente dicho. Un caso práctico sería la adquisición de un portátil. Aunque no lo utilices, pierde valor con el paso del tiempo. Lo mejor es repartir este desgaste de determinados activos progresivamente a lo largo de los años.

Amortización fiscal

Para reflejar qué gasto por amortización se puede deducir dentro de la cuenta de resultados de una empresa, se utiliza la amortización fiscal. Esta se desprende de la contable, es decir, previamente se debe calcular la amortización contable, ya que normalmente no se pueden deducir estos gastos si estos no están incluidos en la cuenta de pérdidas y ganancias. 

Claves para el cálculo

La normativa vigente contempla tablas de amortización que detallan los períodos de amortización máximos dependiendo de la actividad de la empresa, incluyendo los respectivos coeficientes a considerar. Puedes acceder a las mismas en la página de la Agencia Tributaria Española. Por ejemplo, para el caso de equipos electrónicos el coeficiente máximo es del 20% y el periodo máximo 10 años. 

La amortización contable y fiscal se puede calcular considerando directamente la vida útil, o bien un coeficiente por el valor de adquisición para calcular el importe anual. El coeficiente máximo muestra el límite que puede amortizarse en un determinado periodo, mientras que el valor mínimo se calculará distribuyendo el valor de adquisición entre el periodo máximo en que el bien pueda ser amortizado. En caso de que un elemento no pertenezca a ninguna de las categorías, se debe considerar el valor del grupo o tipo de elemento que más se aproxime.

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